Estamos sumergidos en un sistema que evidentemente nos ha generado demasiados abismos espirituales y heridas psicológicas. Cada día reconozco una manera nueva en la que las personas se aluden a sí mismas y se lastiman sin sentido, y esto es debido a que se acostumbraron a pensar en un perfeccionismo que no va más allá (en la mayoría de los casos que conozco) de lo superficial.
Ahora bien, desde un tiempo atrás se han manifestado varias personas en contra de los estereotipos y entre ellas está la incesante lucha de la mujer, que a gritos pide respeto, pide amor y tolerancia, que como toda manifestación le ha tomado bastante tiempo para ser escuchada y aceptada.
Sin embargo, percibo que existen contradicciones entre muchos de los que dicen quererse tal y como son y que le piden a los demás que también deben quererse. Si, es un ejercicio bastante difícil, porque, como digo arriba, es algo con lo que todos vivimos desde que tenemos memoria. Hablo de contradicción refiriéndome a ese simple acto de decir "Me siento muy bien conmigo misma, pero qué gran zorra ella mostrando a toda hora" (se puede aplicar en el caso de los hombres). ¿No es acaso este un acto de incoherencia? ¿En dónde queda la libre expresión? ¿Por qué cuesta tanto interiorizar que todos pueden vestirse y expresarse como quieran? Y que ello no debe ser un punto para ofender. Además de que es un poco absurdo "querernos como somos" y no permitir de una forma honesta, que los otros también se quieran y sean lo que son.
Con todo esto quiero llegar a un único lugar; amor y respeto por uno mismo. Considero que si cada uno de nosotros logra esto (y no es un trabajo corto ni sencillo), realmente podremos ver y aceptar que somos diferentes, por una infinidad de motivos y que la belleza va más allá de las cifras.
#NoMásEstereotipos

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