Me fui al río buscando muchas respuestas,
porque había tenido muchos meses de caos, de locura,
de no hallarme, frustración, depresión y más emociones me invadían...
Me desconocí todo este tiempo.
Hace unos días tomé la decisión de terminar la relación amorosa que tenía,
porque me sentía poco querida, poco retribuida,
en el fondo sabía que perdía el tiempo, energía y amor.
Y a pesar de que nada es en vano, ya era suficiente.
A raíz de eso, mi depresión aumentó,
era insostenible seguir así.
Busqué mi catarsis sin mayores pretensiones.
Fui al río con José, un nuevo amigo,
quién sin darse cuenta me dio muchas luces
y respuestas que necesitaba, yo me estaba ahogando, perdiendo,
me estaba sepultando y sus palabras fueron precisas,
casi como un espejo,
como escuchar mi voz en la suya,
eran las cosas que yo tenía adentro y no quería escuchar
y ahora él me las decía con paciencia y entendimiento.
Soltar, de eso hablamos, también de comprender los ciclos,
de querer sin echarse a la pena, porque siempre amamos y actuamos desde el ego.
Y entonces tuvimos espacios para meditar,
para pensar cada uno desde su silencio, desde su orilla.
Disfruté cada instante, viviendo ese presente tan valioso.
Estaba ahí, siendo y existiendo sin sufrir.
Me cuestioné ¿Por qué estoy tan aferrada a él? ¿Por qué lo estoy sufriendo?
Y me escuché, me hablé desde la sinceridad y el amor.
Que fue una experiencia valiosa, de locuras, risas, aprendizaje siempre,
pero eso fue todo.
Ya no teníamos más por escribir,
porque yo era fuego incesante que no quería apagarse para él,
mientras me quemaba yo misma.
Me enamoré de lo que fui con él,
me enamoré de quién fui para él,
y entre eso me demostré que si puedo volver a amar de manera desmesurada.
Pero en compañía y no sola, como estuve esta vez.
Escuché, comprendí, recibí...
Fue allí, con el solecito reconfortante,
los árboles y su meneo arrullador,
el río y su melodía, que pude ser yo.
Volver en mí, entrar en sincronía.
Me sentí completa, reconstruyéndome de a pocos,
sin más lágrimas y lamentos. Decidida a levantare del agujero
y continuar con esta maravillosa y caótica vida.
Las 8 mariposas que se posaron sobre mis zapatos
y su asombroso mensaje: Renacer, transformarse.
¡Todo fue tan gratificante!
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